lunes, 14 de agosto de 2017

Osvaldo Manzi y su Octeto

Vuelvo con este pianista de gran preparación técnica, que estudió en el Conservatorio Nacional: piano, acústica y contrapunto, se formó con el profesor Eduardo  Velisone y más tarde también profundizaría sus conocimientos  en armonía, con Athos Palma, en el año 1940. Todo ello sumado, le permitiría sentarse al piano en numerosas orquestas, a la vez que destacar como arreglador y director.

Entre otras formaciones disímiles entre sí, ocupó su sitio en el piano, alineado en las de Florindo Sassone, Elvino Vardaro, Edgardo Donato, Miguel Zabala, Joaquín Do Reyes, Enrique Alessio, Hugo Baralis o Héctor Artola. También alternó  en un grupo criollo,  formó tríos, y acompañó a Alberto Marino con la orquesta dirigida por él, cuando el cantor emergido triunfalmente de la típica de Aníbal Troilo, gozaba de una popularidad notable.

                                                 


Fue precisamente Pichuco quien lo convocó en 1954 para militar en su exquisito conjunto,  sucediendo a Carlos Figari, que se independizaba para formar su propia orquesta. Este salto lo proyectaría y le daría la fuerza dinamizadora para brillar en aquellos años de máxima expresión del tango. La intensidad interpretativa que proponía Troilo, con su gran riqueza de matices  y la libertad de creación que dispensaba, representaría para Manzi, otra graduación  en su carrera.

Estaría unos tres años con Pichuco. Lo suficiente para actuar en clubes, salas céntricas, radio y participar en 29 registros con la orquesta. El último tema que grabaría en dicho conjunto, sería Retirao, un tango antiguo de Carlos Posadas, donde muestra todo su talento. Saldría de dicha formación para enrolarse en la de su admirado Osvaldo Pugliese, reemplazándolo en aquellos años de persecución política que sufría el pianista de Villa Crespo.

                             
Osvaldo Manzi. en color gris, con la orquesta de Osvaldo Pugliese

Lo vi varias veces en aquellos años y recuerdo la frase de Mario Demarco, bandoneonista de la orquesta por entonces.
   -Manzi sabe y mucho. Adaptarse a la orquesta tan rápido y sucediendo al director por las razones que todo el mundo conoce, no están al alcance de cualquiera. Manzi está muy bien preparado y consustanciado con el estilo de la orquesta. Y el resultado es muy satisfactorio para todos nosotros. 

Manzi (Osvaldo Ramón Manzione), admiraba la capacidad y el romanticismo de Pugliese. Y puede apreciarse su capacidad y amoldamiento a dicha orquesta en grabaciones como La bordona, Qué pinturita, Yunta de oro o Patancha, entre otros temas destacados de esa época.

Formaría luego su propio conjunto, alineando a Eduardo Rovira como primer bandoneón de la misma, y también con arreglos del mismo. Fontán Reyes sería el cantor que grabaría Dolor milonguero y también registraría la orquesta el instrumental Febril del citado Rovira. Luego de algunas actuaciones profesionales en otras formaciones recibe el llamado de Ástor Piazzolla.

                             


Y la cita sirve para confirmar la valía de Osvaldo Manzi, que sucedería a Jaime Gosis en los revolucionarios Quinteto y Noneto de Piazzolla. El muchacho de Boedo que ya orillaba los 37 años, cumpliría con creces en dichas formaciones del bandoneonista de Mar del Plata y demostró su sapiencia confirmando personalmente la frase de Troilo sobre Ástor:
-"Nosotros estamos en el arranque y el Gato ya pasó por segunda vez"


Le faltaban cuatro meses para cumplir los 51 años de edad, cuando una enfermedad puso fin a su vida y sus sueños de músico.Su talento está presente en numerosas grabaciones y hoy lo quiero recordar al frente de su Octeto Marabú, con un LP de temas instrumentales que fue impreso en Canadá. En este caso fagocita un estilo parecido al de las orquestas de Osvaldo Fresedo, Carlos Di Sarli y otras conocidas, y es muy lindo para bailar incluso.

Fueron registradas por el sello Microfon en 1960 y de ese LP extraigo dos temas: Verdemar, de Carlos Di Sarli y José María Contursi y Qué solo estoy, de Raúl Kaplún y Roberto Miró.

Verdemar - Octeto Marabú

Qué solo estoy - Octeto Marabú












martes, 8 de agosto de 2017

Vuelves

Se trata de un tango de Maruja Pacheco Huergo y Virgilio San Clemente, compuesto a continuación  del tremendo éxito de El adiós, la obra que escribió en el pentagrama Maruja (María Esther) y luego, llamado por Ignacio Corsini, le sería presentado San Clemente a la autora y sería quien le pondría versos que ingresarían en el repertorio de cantantes y orquestas de todo el mundo.

En Japón es un éxito de primera magnitud,  debido a que lo llevara allí Osvaldo Pugliese con su orquesta y el cantor Jorge Maciel. Se vendieron partituras del mismo en cantidades inusuales en Argentina,  por su fineza de fondo, y sigue persiguiendo la evanescencia del tiempo, su rebobinarse y romperse. Maruja lo había desarrollado en el piano en 1937 y a comienzos del 38, Ignacio Corsini lo llevaba al disco.

                                     
Maruja Pacheco Huergo

El impacto de este hermoso y melancólico tema, motivó que los autores del mismo intentaran reunirse en otro tango para darle continuidad a la colaboración entre ambos. Aunque Maruja ha firmado una ingente cantidad de páginas de todo tipo con músicos y poetas. Ella misma pudo escribir los versos de un tango tan llegador como Lágrimas -homónino del de Arolas- que escribiera con Edgardo Donato, autor de la música. Luego repitieron con Para qué, Triqui trá, Alas rotas y Bohemia triste.

Con Virgilio San Clemente, cooperaron en la creación de Milonga de la ribera y Tu silencio, que no tuvieron la misma suerte que su composición inicial. Además, Maruja fue actriz,  firmaría la música de varias películas, haría canciones infantiles, publicaría libros de poesía, escribió comedias para televisión, partituras para obras de teatro, adaptó musicalmente pasajes de la Biblia para niños, novelas que llenaron espacios en radio y televisión, escribió en periódicos y revistas, fue muy prolífica incluso componiendo canciones y admás ejerció como profesora de música y canto.

                             


El tango que  hoy traigo al blog tiene algo del trasfondo de El adiós, buceando en las desventuras del amor, el estado informe, de pequeñas emociones, dejándose impregnar por el dolor del desamor y los recuerdos. El paisaje es la memoria. Me encanta la grabación de la orquesta de Osvaldo Fresedo y Roberto Ray cantando el estribillo.

Vuelve, alma,                                                        
vuelve, vida,
vuelve...

Como un eco de los días
en que todo florecía
al calor de una esperanza

Vuelve, alma,
vuelve, vida,
vuelve...

La delicada melancolía que irradian esas viejas grabaciones que bailamos, me llevan a un estado de ánimo especial, a una pasión que desborda, como si uno se ubicara en el sitio del personaje que vive en la letra del tango. Distopías que destilan perfume de tango. Es un recuerdo sin tiempo,  azotado por la capacidad de hechizo del artista. Me encanta.

Maruja recordaba su emoción cuando terminó de plasmar El adiós sobre el piano:

   -Tenía la sensación de que cada nota era algo así como una lluvia que se deslizaba desde mi corazón hasta el hueco de mis manos. Sin darme cuenta, la obra quedó concluída. Mi madre volvió a hablar: "Es muy sentida"... Y agregó: "Qué bien si Ignacio Corsini pudiera escucharla"...

Corsini la grabó para la historia, el 2 de febrero de 1938. Un año más tarde, el 3 de enero de 1939, Osvaldo Fresedo, con el cantor Roberto Ray, llevan al disco el nuevo tema de Maruja Pacheco Huergo y Virgilio San Clemente: Vuelves.

Lo escuchamos atentamente.

Vuelves - Osvaldo Fresedo-Roberto Ray


domingo, 6 de agosto de 2017

Miguel Osés

Como homenaje al amigo, historiador tanguero y creador del celebrado portal TODO TANGO, hoy publico en mi blog una biografía que escribiera, el citado Ricardo García Blaya. Trata sobre Miguel Osés, un hombre de teatro, autor además de  los versos de un célebre tango.

                                                        


Miguel Osés

Nombre real: Osés, Francisco Miguel
Letrista, autor teatral, critico, periodista y político
(4 octubre 1884 - 8 octubre 1928)
Lugar de nacimiento:
Argentina

Miguel Osés - Semblanza por Ricardo García Blaya


Este hombre de letras, hijo de padre navarro y madre vasca —hasta hoy un auténtico desconocido—, tuvo el raro privilegio de participar en la creación de un clásico, el tango “A la gran muñeca”, sin duda, una página mayúscula del género, que lleva música del español Jesús Ventura, un compositor y director musical de obras teatrales del llamado género chico, muy reconocido en su época.

Lo hizo como autor de una letra que, paradójicamente, casi no fue cantada salvo unas pocas excepciones. Tanto es así, que de las más de cincuenta versiones comerciales que tengo, en sólo tres se interpretan sus versos, más una toma radial de Libertad Lamarque.

                                      

Sin embargo, esto no fue óbice para que Osés figurara en todas las etiquetas de los incontables discos que atesoraron ese bello tango en forma instrumental y, de ese modo, consagrar su nombre para siempre en nuestra música ciudadana, a pesar que no se conoce de él ninguna otra obra.

Curiosamente, tampoco sabemos que existan otros tangos compuestos por Jesús Ventura. Es un caso notable, estamos en presencia de dos autores que colaboraron en el mismo y único tango que realizaron y, que además, se convirtió en uno de los grandes hitos del género.

Gracias a la información brindada por Nicolás Testa, bisnieto de Osés, supe que don Miguel fue socio fundador de la Sociedad Argentina de Autores Dramáticos.

Y esto no fue un hecho casual, el teatro fue su gran vocación. Fue autor de la comedia El astillero y de la revista musical A la gran muñeca, que fuera estrenada en el Teatro Buenos Aires, el 1 de agosto de 1919 y en cuyo desarrollo, la cancionista Manolita Poli estrena el tango homónimo.

Además, me informó sobre la actividad periodística de su bisabuelo, que fue intensa y variada. Fue crítico de teatro y colaboró en diarios y revistas de la época, como: Caras y Caretas, P.B.T., el Hogar, Mundo Argentino, y fue director del diario Última Hora, entre 1924 y 1926. También realizó distintas colaboraciones en La Vanguardia y en La Novela Semanal.

Nuestro recordado amigo Orlando del Greco, lo recuerda en su libro Carlos Gardel y los autores de sus canciones, editado por Héctor Lucci, refiriéndose a un shimmy que grabó El Zorzal:

-El crítico y autor teatral Miguel F. Osés dijo en Mundo Argentino del 2 de enero de 1924, respecto a la popularidad de este fox-trot: «Con la opereta italiana, la compañía Bertini-Gioana logró imponernos algo: un shimmy de “La danza de las Libélulas”, de Franz Lehar, que aún hoy nos los sirven hasta en el desayuno. En una noche se le llegó a ejecutar en la capital, 1165 veces por las orquestas, bandas y cuanto aparato musical existe en Buenos Aires. Sin mencionar las de las transmisiones radiotelefónicas».

Por último, Nicolás me confesó que todo lo que sabía de Osés se lo había contado su abuelo —hoy fallecido—, y que siempre le había llamado la atención, que no hubiera nada escrito sobre él. Ese fue uno de los motivos por el cual me arrimó esta preciada información con la esperanza de su publicación.

Por último, me redondeó la multifacética personalidad de su bisabuelo al mencionarme su actividad política. Así me enteré que fue afiliado al viejo Partido Socialista y, en su representación, fue elegido concejal en Lomas de Zamora, en el año 1916.

Para terminar esta breve evocación del poeta, pasaré a mencionar las tres versiones cantadas que conozco de “A la gran muñeca” y la toma radial, más una grabación que me pasaron, de la cual no tengo ningún dato y no sé si es comercial.

                             

Primero, la más conocida, la de Jorge Omar con la orquesta de Francisco Lomuto, en 1936, para el sello Victor; luego la de Roberto Arrieta con Miguel Caló, en 1948, para Odeon; por último, la del dúo de Carlos Soler y Javier Di Ciriaco, con la Orquesta Típica Argentina dirigida por Jorge Arduh, en 1999, para Diapasón.

La toma radial es de Libertad Lamarque, en el programa de Jabón Federal en Radio Belgrano, a principios de la década del 40. Hace unos años, Bruno Cespi me grabó una cinta con otra versión de la orquesta de Jorge Arduh, más antigua y más breve, que pareciera estar cantada por un dúo o bien es un play back, con la voz de Alberto Del Valle.

Hasta aquí llegamos, con el deseo compartido con su bisnieto, de rescatar del olvido a Miguel Osés, tratando de cumplir una vez más, con la política reivindicativa hacia los héroes olvidados de nuestra cultura popular que nos propusimos cuando fundamos Todo Tango.

PD: Y por mi parte agrego la versión de la orquesta de Francisco Lomuto, cantando Jorge Omar. Fue llevado al disco el 15 de enero de 1936.

A la gran muñeca- Francisco Lomuto-Jorge Omar

  

 

viernes, 4 de agosto de 2017

Ricardo García Blaya

Acaba de dejar este mundo con sus 69 años, su bonhomía, su amistad y la creación de ese portal que es una verdadera enciclopedia del género: TODO TANGO. Él, como director  me invitó a colaborar en el mismo, cosa que acepté con muchísimo gusto porque nos unía la pasión por el tango y entre ambos enhebrábamos recuerdos a través del teléfono, por correo electrónico o cuando nos sentamos a almorzar o tomar un café, en Madrid o Buenos Aires.

                                    


Era Académico Titular de la Academia Nacional del Tango y contaba que cuando viajaban de vacaciones a Córdoba en una camioneta de su padre, con su madre y los seis hijos del matrimonio, el jefe de la familia ponía en el reproductor a D'Agostino-Vargas hasta Rosario. Y de Rosario a Córdoba ponía a Gardel. Ésa fue la semilla que germinaría luego en su amor por el tango, su  estudio de toda la temática e historia del mismo, la creación de ese Portal que le sobrevive y en el cual han escrito y colaboran numerosos historiadores y gente del ambiente. Y también ese libro sumamente interesante que publicó hace un par de años: Tango argentino. Memoria y testimonio.

                              


Decía Ricardo:

  - El tango ya no es la música que expresa a los jóvenes, pero tuvo un distanciamiento digno, se convirtió en un clásico. A partir de los años ochenta y, en la actualidad, hubo un importante resurgimiento gracias al baile que multiplicó las pistas de Buenos Aires en cientos de milongas, donde hacen cortes y quebradas bailarines de todas las edades. También es un fenómeno mundial que invita a los extranjeros a conocer nuestra ciudad y tomar clases para bailarlo.

   -Cuando caminamos el centro, y en especial la avenida Corrientes y recorremos sus librerías, entramos a sus teatros o paramos en alguno de los cafés que todavía quedan de aquel pasado glorioso, sentimos que respiramos tango. Será por eso que, en los últimos treinta años, aprecieron nuevos compositores y letristas con tantas y maravillosas obras, con otros sonidos y temáticas, pero siempre tango.

                                             

                                   
Siento mucho pesar ante su marcha definitiva, después de haber peleado duramente con una enfermedad, operación y el inevitable final que presentíamos.

Se fue un gran tanguero y especialmente, como lo siento personalmente, un gran amigo y una bella persona.

Que en paz descanses querido Richard.

JMO

 

lunes, 31 de julio de 2017

Ernesto Franco

Lleva la marca en el orillo de su paso por la orquesta de Juan D'Arienzo, que siempre tuvo en su formación a fueyes de este calibre, porque la fila de bandoneonistas tenía que picar en el momento adecuado, sucediendo a la marca vibrante del piano y la suave intervención del violín de Cayetano Puglisi para luego entrar en staccato desbordante, Y así convertir la pista en una vibrante sucesión de figuras rápidas, envolventes, siguiendo la marca de esas variaciones made in D'Arienzo que siguen agitando el suelo de tantas milongas del mundo.

Ernesto Franco nació en el porteño barrio de Caballito, pero también fuimos convecinos en Parque Patricios, aunque él es mayor y debutaría jovencito en la escuadra de Elvino Vardaro, con sus jóvenes 18 años, que ya anunciaban a un instrumentista de fuste. Dos años más tarde sería convocado por otro ilustre, Osmar Maderna para su orquesta que pisaba fuerte en el corazón  de los porteños, y ya daba la medida de la capacidad de este músico joven y con grandes aptitudes.

                                     
Ernesto Franco


Enrolado en la formación de Roberto Caló, compartiría espacio en la fila de fueyes, a la muerte de Maderna, con Eduardo Rovira, Celso Amato, Edelmiro Toto D'Amario y Eliseo Marchese, dando otro paso adelante en su carrera musical. Había estudiado con los maestros A. Rossi y F. Lombardini, instado por su padre y los estudios le servirían para destacar como instrumentista y arreglador. Con la orquesta de Roberto Caló llega al disco en dos temas instrumentales: Lorenzo y La cachila. Y debuta como compositor con Después que te perdí, que lleva letra de Horacio Sanguinetti, cantado por Alberto Santillán,  y también el instrumental que firma con Osvaldo Tarantino: Sacale chispas.

Al disolverse la formación del hermano de Miguel Caló,y luego de un encuentro con charlas entusiasmantes, forman un cuarteto de fueyes entre Franco, Julián Plaza, Alfredo Marcucci y Atilio Corral, "a cappella". Y si en la orquesta de Maderna le había tocado reemplazar a Leopoldo Federico, en 1953, Alfredo De Angelis lo convoca para suceder a Toto Rodríguez, que dejaba al pianista de Banfield. Y cuatro más tarde pasaría a la orquesta de Osvaldo Fresedo reemplazando a Roberto Pérez Precchi.

                                                   
Franco, en el centro de la fila de fueyes de la orquesta de Juan D'Arienzo

Nacido en 1929, tenía 29 años, y un más que interesante camino recorrido en la música popular, suficientemente baqueteado, cuando recibe el llamado de Juan D'Arienzo para incorporarse a su triunfante orquesta. Allí alcanza su culmen porque puede dar rienda suelta a su inspiración y temperamento. Sucedía a Enrique Alessio, nada menos. Y estaría en la escuadra del Rey del compás 17 años, nada menos, codo a codo con compañeros como Carlos Lazzari, Aldo Junnissi, Luis Maggiolo, Felipe Ricciardi y Juan Carlos Niesi.

Participó en alrededor de cuatrocientas grabaciones con la orquesta, desde 1958 a 1976. Y viajó a Japón con la misma, invitados por el príncipe Akihito. D'Arienzo no subía ni en broma a un avión y delegó el mando en el pianista Juan Polito. En el lejano Oriente se presentarían con un éxito impresionante, en los años 1968 y 1970.

Desde el alejamiento de D'Arienzo, Ernesto Franco no ha parado de trabajar. Curtido en el estilo del maestro de Balvanera, con el que ha conquistado a sus seguidores, sigue hurgando en el yeite milonguero de los porteños y extranjeros que llegan al país llamados por el tango, y su orquesta sigue evocando aquellas resonancias sonoras que movían a los bailarines de los cuarenta y cincuenta.

Podemos apreciarlo en esta versión de La cumparsita. Franco dirige a la orquesta, realiza el arreglo y sigue dándole cuerda a su bandoneón.

                                

O, en este caso, interpretando el tango de Mario Canaro y José María Contursi: Quiero verte una vez más, que canta Claudio Garcés.

                                       
                                     

                                   


miércoles, 26 de julio de 2017

Otra vez

El tango del título, que me ocupa hoy, es otro mojón en el camino de la historia que vivieron José María Contursi y Susana Gricel Viganó. Ella sería la Gricel del tango del Katunga Contursi y Mariano Mores, que percutió hondamente en los cenáculos tangueros cuando en octubre de 1942, lo graba para la posteridad la orquesta de Aníbal Troilo con la melódica y susurrante voz de Fiorentino.

El poder de las palabras que cautivan y embelesan, que explican e iluminan, nos detallan en aquel hermoso tango, las vicisitudes de un romance que tendría cuerda para rato y sería carne de los temas percutientes que serían paridos por el hijo del inventor del tango-canción, con los avatares de un romance interruptus y sus inusitadas variantes, como el casamiento de cada uno de los protagonistas. Él en Buenos Aires, ella en Córdoba.

                                 

Gricel y José María Contursi

Se conocieron en 1934, en radio Stentor donde el apolíneo Katunga era locutor. Gricel venía acompañando a sus dos ex vecinas y amigas del pueblo boneaerense de Guaminí: las hermanas Nelly y Gori Omar, que la invitaron a bajar desde Córdoba -donde se había mudado con sus padres-  para asistir a su presentación en una emisora porteña. Gricel tenía entonces 14 años y el Katunga Contursi, 23. El romance fue fulminante. Las miradas lo dijeron todo y comenzaría una historia que poblaría al tango de páginas plenas de carga significativa y romántica.

Los temas del hijo de Pascual Contursi están escritos mayormente en primera persona y rastrearlos y reescucharlos nos llevará inevitablemente a los pormenores del romance y sus rocambolescos avatares. Porque mientras ella ganaba concursos de belleza en Capilla del Monte -Córdoba-,  el Katunga se había casado con su novia, Alina y tenían una hija. Acosado por una fiebre intestinal y por recomendación médica, él decide viajar sólo a Córdoba, en 1938,  y en el pueblo de Capilla del Monte se reencuentra con su añorada y bella Gricel.

                                      

Los documentos son los guardianes de los hechos, de las fechas precisas y los actos que van labrando el tejido de las biografías. La incertidumbre que no dejó nunca de minarlos por dentro a estos dos protagonistas, retorna en la antigua urgencia y la escritura del reencuentro dará paso a este tango, al cual le pondrá música el bandoneonista y antiguo compañero y compinche de Pichuco: Jorge Argentino Fernández.

Vuelvo a tu lado otra vez
porque me falta valor para seguir,
sangran cansados mis pies
de andar sin rumbo y vagar por senderos extraños.
Yo no sé si tuve miedo del silencio de mi pieza
que escuchaba entre las sombras los reproches de tu voz,
no he podido desde entonces ahuyentar esta tristeza
que acompaña siempre, siempre mi herido corazón.

Ambos eran jóvenes y estos temas dejan una constancia lúcida y desencantada de la realidad cotidiana, donde el amor, el paso del tiempo y las dificultades del protagonista, constituyen una materia propia para reverberaciones melancólicas. Y a través del tango conocemos los pormenores del romance, sus lagunas y la historia fugitiva que permanece y conmueve.

¡Ya me ves... estoy cambiado! Traigo fiebre en la mirada,
me he pasado tantas noches, conversándole al dolor,
sin pensar que mientras tanto, consecuente, me esperabas
con un rezo entre los labios y un suspiro en tu perdón.
He venido de tan lejos arrastrando mi esperanza
para hablarte de mi penas... de ese abismo en que me hundí
¡Pero qué!...si tus ojeras tan profundas por el llanto
me hacen ver que no fue tanto, mi tormento y mi  sufrir.

A través de los pliegues y repliegues de la imperfecta e incesante historia, con sus nuevos capítulos, las zonas del alma en penumbras y lo extraño de un amor, por entonces no consumado, las cuitas íntimas, se desgranan en Otra vez.

                                       
Final: Casados en Córdoba



Al verte, vida, no sé
cómo he podido vivir sin el calor de tus besos.
Al alejarme pensé
que lejos iba a olvidar... y más pensé al estar lejos.
Sepultura de mis penas, cofre azul de mis caricias
la tibieza de este nido que mi espíritu abrigó,
sensación de paz y alivio que me brinda tu sonrisa
mientras bañan tus pupilas dos lágrimas de amor.

Este tango lo estrenó Libertad Lamarque en radio Belgrano acompañada por el trío de Alfredo Malerba (con Antonio Rodio y Héctor María Artola), en ese año 1938. Lamentablemente no lo llevaría al disco, pero podemos escuchar la versión radiofónica. También acompaño el registro de Francisco Lomuto cantando Jorge Omar una parte de los versos, del 9 de junio de 1938.

Otra vez- Libertad Lamarque

Otra vez- Francisco Lomuto -Jorge Omar


lunes, 24 de julio de 2017

Alfonsina

Félix Luna y Ariel Ramírez inmortalizaron a esta genial poeta en una canción que dió la vuelta al mundo, por su belleza, y por la protagonista que ocupó un papel estelar en la literatura americana de los años veinte y treinta del siglo pasado. En Uruguay la homenajearon junto a Gabriela Mistral y Juana de Ibarborou, por todo lo que significó para la mujer, la obra de estas grandes escritoras.

La historia es muy conocida y triste, por su trágico final en las aguas de Mar del Plata. Acabo de regresar de la playa y en algún momento la recordé a  Alfonsina Storni, cuyo nombre procede de Alfonso -su padre-,  que nació en Lugaggia, cantón suizo de Ticino en 1892, pasó su infancia en la provincia argentina de San Juan, se hizo maestra rural en Coronda -Santa Fe-, impartió la enseñanza en Buenos Aires, ciudad porteña que la cobijaría, y le daría las páginas de La Nación para que, con el seudónimo dre Tao-Lao, pudiera mostrar sus aptitudes.

                               



En 1920 se hizo con el premio Municipal de Poesía y enseguida el segundo premio Municipal de Literatura. Sería profesora de literatura en la Escuela Normal de Lenguas Vivas, volvería a Europa en dos oportunidades, escribió y publicó ocho libros de poemas y algunas obras de teatro y la muerte la esperaba tempranamente, cuando apenas tenía 46 años. Dejaba un hijo, sin padre conocido, lo que demuestra su personalidad emancipada, para la época, y el cáncer de mama que la había acosado un año antes sería el presagio de su triste final.

La despidió todo el mundo académico y literario. Tuvo grandes amigos como Horacio Quiroga (que se le adelantó en el suicidio), José Ingenieros (fue médico suyo incluso), Manuel Gálvez, Eduardo Mallea, Enrique Larreta, Arturo Capdevila y muchos otros que compartieron con ella reuniones de fuste. En este mundo que ha hecho de la velocidad una forma despiadada y fascinante de conocimiento, los poemas de Alfonsina nos obligan a pensar y rumiar su mensaje. Como por ejemplo en Oye, donde termina así su mensaje poético:

Y una noche triste, cuando no me quieras,
secaré los ojos y me iré a bogar
por los mares negros que tiene la muerte,
para nunca más.

                                             



El tango también se acordó de Alfonsina Storni. Leopoldo Díaz Vélez escribió los versos recordatorios y Francisco Pracánico les puso música. El tema se llama:

Y nunca más tu amor.



El viento viene del mar,
y mientras ruge al pasar
me deja un gusto salobre.
La noche vuelve otra vez, buscándote,
mi musa pobre.
Supimos ir vos y yo,
con poca ropa y sin pan
bebiendo vinos de sol,
los dos
pidiendo a Dios salvar,
tu triste vida, que después
se deshojó en el mar. 
                                                                                    
Nunca, nunca más tu voz,
y nunca más tu amor
me arrancarán este martirio.
Tanta dicha y tanto bien,
y yo, cobarde, sin poder
salvar tu vida del suicidio.
Fui mil veces a buscar
tu voz más allá del mar
y aún más allá de mi delirio.
Rocas... Playas... Murallón
...y nunca, nunca más tu amor.  


Existen escasos registros de este tango. Entre ellos escojo el de la deliciosa María José Mentana, que lo grabó acompañada por orquesta. Y así la recordamos a la inolvidable Alfonsina.