sábado, 21 de octubre de 2017

Pepe Corriale

Se llamaba José Alberto Corriale (1915/1997), aunque en el ambiente musical de aquella Buenos Aires milonguera, se lo conocía simplemente por Pepe. Curiosamente, era percusionista, estudió música en el Conservatorio Manuel de Falla, piano con la prestigiosa profesora Eva Weingard, y en los años 30 comenzó su carrera artística integrando la Sinfónica Nacional, continuando con la Filarmónica Muncipal, las Sinfónicas de radio Nacional y radio El Mundo.

Y aunque su instrumento fuese la batería, ello no le impidió cubrir todos los géneros, además del sinfónico lírico. También incursionó en orquestas de jazz y tropical, como la de Héctor Lomuto. Fue asesor musical, e integrante de la orquesta del Ballet soviético, de  la célebre Tamara Toumanova, del Marqués de Cuevas, el Ballet Bolshoi de Moscú, el Ballet de Finlandia,  el Ballet Theatre de Nueva York,  el Berliner Ballet, Les Etoiles de París, el Ballet de Antonio, el Ballet de Chile y otros espectáculos en Buenos Aires, en los cuales siempre fue requerido por su calibre artístico-musical.

                             
        

El Cine-Teatro Ópera, de la calle Corrientes, lo tuvo siempre presente, en todo momento para respaldar con su percusión, que iluminaba la escena, a numerosos artistas y espectáculos de renombre internacional que desfilaron por su escenario. Los casos de Edith Piaf, Marlene Dietrich, Ella Fitzgerald, Jane Rusell, Mina, Frankie Laine y tantos otros grandes. Incluso en diversos teatros también subió al proscenio con figuras de la talla de Sammy Davis, Carmen Sevilla, Paul Anka, El Folies Bergère, el Lido de París, Holliday en Japón, Cab Calloway y tantos otros que encandilaron en la capital porteña.

Pero, el caso notable es que el solicitado Pepe Corriale era tanguero de alma, como el mismo confesaba: "Amo la música desde niño, pero al tango lo llevo muy adentro como porteño que soy". Por eso no resultó de extrañar que con sus jóvenes y sabios veinte años comenzó a integrar, como percusionista, las orquestas típicas que brillaban en el candelero. Así podemos mencionar las de Ricardo Brignolo, Luis Petrucelli, Julio De Caro, Ricardo Malerba, Francisco Canaro, Osvaldo Fresedo, Francisco Lomuto, Armando Pontier y varias otras, especialmente cuando se trataba de orquestas numerosas.

                             
Piazzolla y su orquesta: Panik, López Ruiz, Manzi, Kicho, Corriale, Agri, Baralis, Bragato


Con el tiempo lo siguieron buscando directores como Lucio Demare -para grabar música de películas-, Carlos García, José Libertella, Mariano Mores -en discos, teatros, televisión, conciertos, giras-  y también Ástor Piazzolla. Éste lo convocaría para la la orquesta que intervendría en la operita: María de Buenos Aires, junto a otros nueve músicos en 1968, lo que demuestra la aptitud y adaptación de Corriale a todas las modalidades.

Sobre todo, como explicaba Horacio Ferrer, se valoraba su sentido del apoyo orquestal, su profunda comprensión del texto musical y su natural instinto para la exacta captación del tempo de tango. Sus impecables paisajes de solista, en esa operita,  están presentes en la grabación de dicha obra, realizada en discos del sello Trova, así como en los discos RCA, del conjunto 9.

                           
Julio Jorge Nelson presenta a Rivero, Troilo, Di Sarli y Corriale en el Marabú.


Colaboró también con numerosos cantores de tango de ambos sexos. Tal los casos de  Edmundo Rivero, Carlos Acuña, Susy Leiva, Horacio Deval, Nito Mores, Aldo Campoamor. Con la cantante española Naty Mistral estuvo de gira por varios países de América. Así me lo encontré en México en 1969 y veinte años más tarde en Madrid, cuando llegó con la gran orquesta éspectáculo de Mariano Mores y Ariel  Ramírez para actuar en el Teatro Nuevo Apolo, con lleno absoluto todas las noches.

Maestro de percusión, formó a numerosos bateristas, Fue el primer Presidente del Sindicato Argentino de Músicos, que contribuyó a crear, publicó un libro básico para sus sucesores: La batería en el tango. Le dedicó precisamente un tango a Julián Centeya, que enorgullecía a este gran personaje del género, del que fui buen compinche y compañero. Su hija destacó como cantante de jazz con el nombre de Lilian Red.

                                      
Pepe Corriale en la orquesta de jazz de Héctor Lomuto. Radio El Mundo 1947.


Y dejó para la historia su participación en la orquesta de Raúl Garello, en ese tango tan registrado por las orquestas típicas: Canaro en París. Así como Osvaldo Pugliese le encargó a su contrabajista Aniceto Rossi una parte de las variaciones finales del mismo, Garello le dejó a Pepe Corriale que se luciera con su batería en esas variaciones que los milongueros  utilizan para dar rienda suelta a sus piernas y su imaginación, danzando en la pista. Pepe lo hizo con su impresionante percusión dejando esta grabación para la historia, el 14 de enero de 1980.

Escuchamos este tango de José y Alejandro Scarpino y José Caldarella en la versión de Raúl Garello..

Canaro en París - Raúl Garello

jueves, 19 de octubre de 2017

El viaje

   La noche tuvo muchos dominadores. Para mí hubo algo de partida con la prematura entrada de Aníbal Troilo, Pichuco, en un viaje estático que lo separaba de la vida. Había visto aparecer su cara adolescente en los miles y miles de ejemplares de Crítica. ¿Qué les pasará a algunos de los grandes intérpretes de la música popular? El proceso mortal, agotador de Charlie Parker, el hombre que cambió con su saxo el curso del jazz, ha sido descripto por Julio Cortázar en un cuento muy bueno: El perseguidor. Encontrar algo que no está explícito en el misterio y la maravilla del sonido ordenado.
Aníbal Troilo,

    La música no dormía nunca adentro de Pichuco. la tenía que sacar noche afuera en aire recortado, redondeado y teclas de fábula. El tango le trajo contratos, un montón de plata, soberbias encamadas con mujeres incontables, el amor hasta el fin de Zita y la amistad atropellando el fondo de la noche en extrañas, cada vez más extrañas noches, prolongadas al dar espaldas a la madrugada.

   Había millares de copas y algo más para desarraigarlo. Quería salirse afuera de su cuerpo gordo, de sus dedos mágicos, tal vez de la vida, que se lo había dado todo. Se quedó excesivamente quieto. Estuve a visitarlo en su departamento del Centro para hablar de un tango que no hicimos nunca. Estaba como indiferente. Me dijo que no alcanzaba a caminar el largo balcón que  se establecía entre nosotros. Las centenares de noches con Homero Manzi y conmigo y con Barquina podían estar a sus pies como otras cosas inefables y muertas. Recordamos cómo Homero, una noche bien adobado pero sin perder la noción profunda del mal que lo desgarraba, se ensangrentó los puños rompiendo un espejo en el que no podía soportar su rostro. O no podía entender cómo estaba signado por una muerte cruel, inevitable.

   El viaje de Pichuco  no consentía esas alteraciones. Era un viaje quieto, cuyos ocultos resortes nadie podía adivinar del todo. Alcanzó a orejear el mundo y un poco de lo que está atrás de las cosas. Quiso a la gente. Se lo expresó con tangos y la gente lo adoraba. Saliéndose de la vida tenía ya más vida que la que iba mostrando con agonía y delicia bien medida de aire, en el fueye que lo hizo "El bandoneón mayor de Buenos Aires". Su cara de luna se quedaba colgada, durante la ejecución de quien sabe qué extraño cielo.

                                                                                                Ulyses Petit de Murat

Responso - Aníbal Troilo (25/4/1963)



martes, 17 de octubre de 2017

Bien milonga

    Cuando llegué al fondo del salón
    sentí tus ojos tímidos
    cruzados con los míos.
    Y el corazón, en un loco aletear,
    borró de mí la angustia
    la tristeza y el hastío.
                Luis González 



Martes bienmilonguero, como todos los martes del mes y del año. En la Casa de Aragón de Madrid (Pza. República Argentina nº 6 -Madrid), sienta sus reales y blasones BIEN MILONGA de 21 a 0 hs. Ya sabés que con la música no fallamos nunca, porque para algo llevamos años yirando en las pistas porteñas y europeas. El almácigo está bien nutrido y sabemos seleccionar lo muy bailable.

Además, este mes BIEN MILONGA está de cumpleaños y lo celebraremos el martes próximo. Hoy calentaremos motores con los habitués y los amigos que siempre aparecen para bailarse unas tandas de meta y ponga. Como debe ser. Lo de questa notte será un aproach, pero valdrá la pena porque el ambiente se forma tangamente y la pista se presta para los dibujos que te sugiere la música. 

                                       

Como de costumbre echamos a rodar por otras milongas que se reproducen a toda máquina y como primer paso, nos damos una vuelta por Chelyabinsk, en Rusia. Por allí los tenemos, en este caso, a Elina Roldán y Brenno Marques. en La vida del Tango Festival 2017. Y se bailan el tango Cachirulo por la orquesta de Aníbal Troilo.

                                   


El próximo paso nos lleva hasta el Hotel Olympia, de Alboraya -Valencia, en España. Donde la pareja integrada por Sebastián Achával y Roxana Suárez se lucen bailando el valsecito Pabellón de las rosas, por la orquesta de Juan D'Arienzo. 

                                          

Y cierro con los masters Sebastián Arce y Mariana Montes.En este caso están en Tango Amadeus, que se celebra en el Palais Ferstel de Viena, capital de Austria. Y se ganan los aplausos a rolete, bailando  la milonga Bien porteña por Los Reyes del Tango.

                                       


Me imagino que estarás ensayando esos firuletes con la escoba, pero largá, que éstos la saben lunga, y venite a bailar esta night.                                              

lunes, 16 de octubre de 2017

Jorge Caldara

Aunque más no fuera por la creación de ese maravilloso tango llamado Patético, tan rico en ecos musicales, su nombre debería estar significado con esa respiración tan especial que tiene el fueye y que inyecta electricidad a los movimientos de bailarines y músicos. Construído  alrededor de un tono hímnico, destella por su gran vuelo en el desarrollo melódico. Y es tan intenso en la homilía pugliesana como en aquella sacralidad que  imponía el fueye de Pichuco, si escuchamos los registros de sus respectivas orquestas.


Al margen de esta hermosura que compuso, Jorge Caldara fue un bandonenista de prestigio, con toque y polenta, que en la orquesta de Osvaldo Pugliese alcanzó su cima como músico, arreglador y compositor. El recuerdo de aquellas  melenas (Ruggiero , Caldara), revoleadas mientras le daban leña a sus fueyes en las variaciones finales, se nos quedaron prendidas a las retinas de todos aquellos que bailamos con la orquesta de Pugliese en vivo, en semejante inolvidable época.
                                                    
Su padre, gran tanguero e hincha de Pugliese luego, lo insertó de niño en la música. Aprendería algunas nociones de piano y luego se decidiría por el bandoneón. Un fueye de segunda mano que le regaló su padre sería el punto de partida de su vocación. El resto lo haría el ambiente, la ascesis referencial del tango en su barriada de La Paternal. El ser emocional del porteño reflejado en la música popular.

Orquesta de Pugliese. Los fueyes son Gilardi, Caldara, Ruggiero y Castagniaro.

Comenzaría garabateando en orquestas de segunda fila, en el centro, pero notaba su falta de conocimientos musicales y emprendió la dura tarea del aprendizaje con gente de primer orden como Carlos Marcucci y Félix Lipesker, autores entrambos de una guía para aprender a tañer el bandoneón. Fue la primera en su género y gracias a su dedicación, Jorge pudo ingresar en la orquesta de Francisco Lauro, por donde pasaron músicos que luego serían figuras como Piazzolla, Sánchez Gorio o De Angelis.

Superado el escalón inicial, se alista en la orquesta de Alberto Pugliese, hermano mayor de Osvaldo, que luego lo recomendaría precisamente a este último, donde reemplaza a Alberto Armengol, completando el cuarteto de fueyes con Osvaldo Ruggiero, Oscar Castagniaro y Esteban Gilardi. Con Ruggiero arman una sociedad llena de sentimiento y altísima intensidad creadora. Ambos tenía la necesaria fuerza conductora,  haciendo de cadeneros de toda la orquesta, sobresaliendo especialmente Ruggiero, pero muy consustanciado con su nuevo compañero.

                                         


Fueron diez años de lujo y éxitos en la gran orquesta de Osvaldo Pugliese, que llenó clubes, sociedades y escenarios tangueros, seguidos por la incomparable barra de hinchas de la orquesta, que los acompañaban a todas sus actuaciones. Luego se alejaría de la formación de Don Osvaldo que le dio la alternativa, cumpliendo con creces y aportando sus conocimientos de arreglador y feliz creador, no sólo de Patético, sino de otros temas que cobraron notoria celebridad.

                                   

Con el que fuera presentador de la orquesta, Mario Soto, compuso temas imprescindibles para mayor gloria de Alberto Morán: Pasional, Por pecadora y Muchachita de barrio, que el Flaco usaría más tarde como presentación éste último, cuando se hizo solista y lo acompañaba la orquesta de Armando Cupo. Con Pugliese lució otro bello tema suyo instrumental: Pastoral.   Con Rofolfo Lesica compuso Solo Dios vos y Papilino, dedicados a su esposa e hijo, respectivamente. En sociedad con Luis Stazo, crearon Bandoneón para vos, Cuando habla el bandoneón y Mi bandoneón y yo, como cuadra a dos excelentes fueyes. Y agradeciendo a los dos grandes que le dieron lustre con su registro de Patético; compuso los intrumentales: Con T de Troilo y Puglieseando. Incluso con Manolo Sucher homenajearon a Fiorentino con su tango dedicado:.Para el recuerdo, entre otras obras.

Viajó a Japón invitado especialmente y estaría allí un largo año, formando orquesta y a músicos nipones para la misma. Al regreso armó un afiatado conjunto, con las voces de Raúl Ledesma y Carlos Montalvo. Estuvo en radio Splendid, en bailes y grabó en Odeón, Paralelamente armó y se integró en el Cuarteto de las estrellas, con Hugo Baralis, Armando Cupo y Kicho Díaz. La cantante era Marga Fontana y el presentador Roberto Giménez. También dejaron algunos registros, aunque cuesta encontrarlos.

                         
 Caldara, Raúl Ledesma, Ángel Vargas, Cosentino, Carlos Montalvo, y Castagniaro
           
La muerte se lo llevó tempranamente, antes de cumplir los 43 años, y después de una tremenda enfermedad que lo postró durante cuatro años: cáncer en los ganglios linfáticos. Hoy lo recuerdo con toda la nostalgia de aquella melena traviesa y su bandoneón de inventiva contagiante, en dos temas. , y arreglo especial con su orquesta: Cascabelito, de Jose Bohr y Juan Andrés Caruso llevado al disco el 25 de febrero de 1959 , y Con T de Troilo, grabado el 8 de junio del mismo año.

Cascabelito - Jorge Caldara y orq.

Con T de Troilo - Jorge Caldara y orq.



sábado, 14 de octubre de 2017

Recordando a Carlos Di Sarli

En en el mes de agosto de 1994, la revista La Maga, publicó una edición especial que tituló: Homenaje al tango. En la misma se pueden ver tres artículos de personas, que en varios momentos estuvieron ligados al maestro Carlos Di Sarli. Y creo que vale la pena volver a repasar dichos comentarios que nos permiten tener una aproximación a todo lo que representó en el tango, el maestro de Bahía Blanca. Sus grabaciones se bailan hoy día en casi todo el mundo, gracias al desarrollo del tango y  las milongas donde se lo baila.

El bandoneonista Julián Plaza, El periodista, conductor radial y autor de numerosos tangos, Federico Silva y el bandoneonista Félix Verdi, fueron las autorizadas voces que emitieron dichas opiniones que acá podemos repasar.

                                 
Carlos Di Sarli, una leyenda

   No me llamaba la atención la orquesta de Carlos Di Sarli. No le daba ningún valor. Me parecía de una ejecución muy simple y yo, hincha de Troilo, sentía como verdad todo lo nuevo, ya me gustaba Piazzolla, por ejemplo. Di Sarli tenía una parte de piano a la que le sacaba una efecto muy especial. Eso era lo que pensaba como oyente. Cuando en 1956 me convertí en un intérprete de su orquesta, me di cuenta de que lo que me parecía sencillo, era difícil de interpretar. Él pedía un matiz que de tan simple resultaba complicado, al menos para los bandoneonistas que teníamos influencias de Aníbal Troilo y de Ástor Piazzolla.

   Con Troilo y Piazzolla había que tocar fuerte. Con Di Sarli, livianito. Íbamos a clubes que tenían pistas abiertas, como Comunicaciones, por ejemplo, y nos exigía que tocáramos livianito, como si estuviéramos en el estudio de la radio. El efecto de Di Sarli era todo lo que caracterizaba su estilo.  Tocaba el tango como lo había hecho el autor, matizándolo un poquito. Los ligados, el stacatto,  y el matiz definían el estilo sobre la base pianística que ponía el propio director.  Hoy eso no lo hace nadie. Cuanto interpretábamos Organito de la tarde, le sacaba un efecto al piano que sonaba como un organito verdadero, después le agregaba un contracanto de violines y el efecto. Eso era todo.

   La dificultad mayor de él era contenernos y la nuestra, la de mantenernos medidos. Dirigía como quien empuja un carrito: nos daba un empujón al principio y enseguida largaba. Y la orquesta  seguía como impulsada por ese primer envión. El propio Di Sarli era la base de todo. Él hacía los arreglos. Hoy me asombra que con recursos tan simples le haya arrancado a su orquesta un sonido tan lindo. Como Pugliese de Julio De Caro, él era una derivación de Osvaldo Fresedo. Fresedo era el único músico al que admiraba y ese sentimiento lo sintetizó en el tango que le dedicó: Milonguero viejo.
                                                                                      Julián Plaza.

                                  

“La vida no fue amable con este hombre”

   En la década del 30, en su período más negro, tuvo el accidente que le obligó a llevar anteojos negros para siempre.  Y ese complejo se agregó a los otros hasta hacerlo brusco,  huraño, poco tratable. La vida no fue amable con este hombre triste, al que infligió toda suerte de privaciones por muchos duros años de aprendizaje profesional, y al que luego persiguió en una campaña de rumores maledicentes hasta el mismo momento de su desaparición física. Fue, sin embargo –y podemos asegurarlo-, amigo de verdad de sus amigos y, al cabo, encontró en su segunda esposa y dos niñas, el remanso familiar inviolable.
  
   Entendía el piano tanguero como adornos y campanitas en la mano derecha, una marcación milonguera en la mano izquierda, con potencia poco usual y sonido personalísimo. Inclusive, en la manera de picar ñps bajos. La orquesta también tocaba así, usando los bandoneones prácticamente solo para la marcación y la cuerda en largos unísonos cantando la melodía. Marcó todos sus arreglos, de los cuales donfió la parte mecánica (poner las voces, escribir) a su amigo el pianista Emilio Brameri. Tuvo y descubrió cantores, algunos famosos y otros importantes. Pero su propia grandeza y su lugar ganado en la historia del tango derivan de una trayectoria firme, obstinada, sosteniendo un punto de vista quizás equivocado, que muchos discuten. Pero esa discusión, ese estilo y el nombre de Carlos Di Sarli han entrado, con justicia, en la leyenda de la música típica.
                                                                                          Federico Silva

                                

“Esa manera de comenzar livianito”

   La orquesta de Carlos Di Sarli tenía algo que la diferenciaba de las demás. Poseía eso tan difícil de encontrar que yo llamo fuego sagrado. A mí me gustaba todo: la fuerza que le imprimía a los crescendos, el stacatto fuerte con la derecha, esa manera de comenzar livianito, llegar al fuerte y quedarse en un acorde, mientras arrancaban los violines.  Debuté con Di Sarli en 1932 y a partir de ese momento me consustancié con esa forma de ejecución. Sin embargo me fui varias veces de su orquesta. Pero volvía en cuanto él me llamaba. La primera vez fue en 1941. La segunda fue en 1948. Tuvimos un cambio de palabras y me fui.
   
   Di Sarli era un obsesivo de la perfección y era fácil que se enojara cuando advertía alguna falla. “Ustedes son profesionales”, nos decía. Pero no era cuestión de técnica sino de interpretación. Enseguida que me fui  desintegró la orquesta y cuando decidió volver, en 1950, me llamó por teléfono y le dije que sí. Seguí con él hasta 1956, cuando los músicos decidieron separarse del maestro y formar Los Señores del Tango. Me fui con ellos.
   Recuerdo que Di Sarli intentó formar otra orquesta y los nuevos músicos nos venían a escuchar a la Richmond de Suipacha, para aprender el estilo. Ellos decían que el maestro, en lugar de darles indicaciones, les contaba cuentos.
                                                                                         Félix Verdi
                                      
(Extractado de un reportaje en Tango, un siglo de historia)

jueves, 12 de octubre de 2017

Los bailes de carnaval

Luis Adolfo Sierra ha sido una persona fundamental en los estudios de los orígenes  y la evolución del tango en todos sus aspectos. Fue alumno de teoría musical de Sebastián Piana, y de bandoneón, de Pedro Maffia, cuyas enseñanzas contribuyeron a cimentar luego sus conocimientos técnicos como historiador y crítico del tango. Su inclinación temperamental lo incorporó a las corrientes evolucionistas del género, encabezadas al promediar la década del veinte por Julio De Caro.

Abogado, egresado de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Profesionalmente dedicado a los derechos intelectuales. Asesor de numerosas entidades vinculadas a la actividad musical del país. Fundador de la Sociedad Argentina de Orquestadores y Arregladores de música. Fue asesor de SADAIC. Nacido en París, Francia, fundamentalmente lo valoramos como analista y estudioso del tango, alejado del simple anecdotario tan común entre los historiadores del género. Publicó libros muy valiosos al respecto y hoy me detengo en su relato sobre los antiguos carnavales en los teatros, con grandes orquestas de tango.

                               
Luis Adolfo Sierra, Luis Alposta Y Edmundo Rivero en una conferencia.


   -Con los grandes bailes de Carnaval, que en 1921 organizaron los empresarios Mario Lombart - en la "Ópera"- y José Gerino -en el "San Martín"-, se iniciaba otro tradicional acontecimiento artístico, en el que correspondía también al tango participación preponderante. En aquella oportunidad, Francisco Canaro en la "Ópera" y Julio De Caro en el "San Martín", presentaron orquestas de más de cuarenta ejecutantes, con nutridas filas de bandoneones y violines.

   Y en lo sucesivo, los bailes de Carnaval de los teatros se convirtieron en las fiestas anuales del tango. Reservaban los autores para tales ocasiones el estreno de sus mejores obras, que alcanzarían luego enorme difusión popular.

                                         


   Magníficos espectáculos de luz, color y alegría ofrecían las salas teatrales de la "Ópera", "Coliseo", "San Martín", "Politeama", "Casino", "Victoria", "Broadway", "Astral", "Smart", "Pueyrredón" de Flores, con las orquestas de Canaro, Firpo, De Caro, Lomuto, Berto, Fresedo, Maffia, Brignolo, Donato-Zerrillo, reuniendo en formaciones excepcionalmente numerosas a los ejecutantes más destacados del tango. Incluso en el "Teatro Colón" -a partir de 1931- se realizaron durante varios años consecutivos bailes de Carnaval actuando sucesivamente las orquestas dirigidas por Arturo De Bassi, Enrique Santos Discépolo y Julio De Caro.

   La aparición de los amplificadores de sonido determinó el cambio de estructura de las orquestas para los bailes de carnaval. El volumen mecánico de los equipos amplificadores permitía la prescindencia de las costosas formaciones instrumentales, lográndose con muy pocos ejcutantes despliegues orquestales. y con ello, desaparecía uno de los grandes  atractivos del carnaval porteño cuando se esperaba  con verdadero interés el estreno de los tangos y las actuaciones de las distintas orquestas, anunciadas con larga anticipación.

                                   
La Orquesta Donato_Zerrillo, en el Teatro San Martín. Carnavales 1930


   Paulatinamente fueron perdiendo vigencia aquellas tradicionales fiestas anuales, que eran por sobre todo, el más eficiente medio de comunicación de nuestra música ciudadana.

Y para añorar un poco aquellas fiestas carnestolendas, los invito a eascuchar el tango Cuando muere el carnaval,  de Pierre Henderson. Lo grabó Francisco Canaro con su orquesta y Charlo, el 12 de marzo de 1930. Y También el Vals del carnaval, de Aníbal Troilo y Cátulo Castillo, que llevó al disco Roberto Goyeneche con el Sexteto Tango, el 12 de junio de 1983.

Cuando muere el carnaval - Francisco Canaro-Charlo

Vals del carnaval - Roberto Goyeneche-Sexteto Tango

martes, 10 de octubre de 2017

Bien milonga

 Tu conoces el secreto de los tangos
  y es por eso que los bailas como nadie,
  y en los brazos que te abrazas
  que mística que pasas
  danzando en el salón.
  
 Sacerdotisa del tango,
 sacerdotisa sentida,
 rito es la danza en tu vida
 y el tango que tú amas
 te quema en su llama.
           
                 Horacio Sanguinetti 


 Martes, noche de tango, de milonga sentida y convocante. Como cada día de la semana, los martes son bienmilonga para los milongueros que acuden a la casa de Aragón de Madrid, sita en la Plaza República Argentina, nº 6. Donde bienmilongueamos desde las 21 hasta las 0 horas, en un hermoso piso de madera lustrada y un salón ideal para dibujar en el piso, siguiendo el compás de las grandes orquestas.

Porque en eso no te fallamos. la experiencia es un grado y sabemos lo que es bailar en las milongas grosas de la Buenos Aires tanguera al mango. Y cual es la música ideal para empujarte a la pista, con el fin de que disfrutes de esos lindos momentos que no se olvidan.

                               


Sabemos como motivarte y algunos ejemplos de las parejas que se exhiben en distintas pistas del mundo, también servirán para estimular tu adicción milonguera. 

Por ejemplo, nos desplazamos al Tango Cazino Festival en Rumania. Allí podemos ver bailando a la pareja que integran Selen Sürek y Alper Ergökmen. En este caso se mandan con el tango La madrugada por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Alberto Echagüe.

                             

Y me piro al Valen Tango, el Festival que se desarrolla en Hilton, Portland, Oregón-USA. En este caso son Luciano Brigante y Alexandra Orozco, los que bailan flor de valsecito: Pobre flor, por la orquesta de Alfredo De Angelis, cantando Carlos Dante y Julio Martel.


Esta semana tenemos un puente y mucha gente se desplaza a distintos destinos para pasarla debute. Por eso creo oportuno que veamos a esta pareja que integran  Vladimir Estrin y Meng Wang. Son dos machotes que la pasan bomba y hacen un divertimento macanudo en la Milonga Del Cine, de Los Angeles-California-USA. Y juegan con la milonga No hay tierra como la mía, por la orquesta de Francisco Canaro, cantando Charlo.
                                         
                                         


Vos, dejá nomás, que algún chabón chamuye al cuete y sacudile tu firulete...